Hace 11 años, el Prestige,
un barco petrolero que partió desde San Petersburgo con 77.000
toneladas de fuel en su interior, zozobró frente a las costas de
Galicia. La agonía del buque duró casi una semana, durante la cual el
crudo no dejó de salir, contaminando así miles de kilómetros de litoral.
Ayer, la Justicia determinó que esa catástrofe medioambiental, una de
las peores de la Historia de España, no tiene unos culpables claros, al
absolver tanto al capitán del barco, Apostolos Mangouras y al jefe de
máquinas del buque, Nikolaos Argyropoulos, como al exdirector general de
la Marina Mercante José Luis López Sors por los delitos contra el medio
ambiente de los que eran acusados. Solo el primero de los imputados fue
condenado a nueve meses de prisión por un delito de «desobediencia
grave».
Según la sentencia de la Audiencia Provincial de La Coruña, contra la
que solo cabe un único recurso extraordinario de casación ante el
Tribunal Supremo, no se puede determinar, con cierto consenso técnico,
las dos controversias fundamentales del caso Prestige, en las que se
basaban las acusaciones más graves contra los imputados: el fallo
estructural en las entrañas del buque y la decisión de alejar el
petrolero de la costa.
Así, el fallo justifica la absolución del capitán, para el que se
pedían 12 años de prisión, y el jefe de máquinas por los delitos
medioambientales, al considerar «poco verosímil» que conociesen los
defectos estructurales del buque o que «cooperasen» para ocultarlos.


